| Humanos vs Máquinas |
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Las máquinas y los robots controlan el mundo, ¿Pero, pueden llegar a sustituir a los humanos? Por Vanessa Barreno Mucha gente recordará los avances de los años 70 y 80 que impulsaron los japoneses en el campo de los microcircuitos y semiconductores y que conllevaron el crecimiento explosivo de la electrónica, la informática y los aparatos de consumo. Eso fue hace años, ahora ya tenemos muy claro que la máquina puede hacerlo y, de hecho, lo hace todo. Por eso planteamos la pregunta definitiva: ¿Acabarán los seres humanos siendo sustituidos por las máquinas o hay cosas que las máquinas nunca podrán hacer? Regreso al futuro Primero fueron los transistores bipolares y los circuitos integrados digitales, seguidos de la integración a muy gran escala (VLSI) a mediados de los años 70, consistente en miles de interruptores de abierto o cerrado en un único chip. Los microordenadores, el equipo médico, las videocámaras y los satélites de comunicaciones son aparatos de uso corriente gracias a la existencia de los circuitos integrados. Desde entonces, aparcar el coche, facturar las maletas, viajar en metro, las líneas de producción de las fábricas y las cajas de autoservicio de los supermercados han sucumbido a la mecanización. En el 2008, el Centro de Humanidades de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, EE. UU., presentó la serie de largometrajes y documentales Mechanization of Modern Society (mecanización de la sociedad moderna) en el Festival de Cine Internacional de Carnegie Mellon. Países tan diversos como Argentina y Austria plantearon temas que iban desde los procesos de la producción en masa de comida basura y ropa hasta los intentos de algunos padres de aprovechar los avances científicos para “diseñar” el hijo perfecto. Estos filmes ganadores de premios y que invitan a la reflexión, tratan cuestiones importantes sobre la tecnología y la sociedad moderna, sobre todo La Antena, una película muda en blanco y negro en la que los habitantes de una sociedad del futuro viven en un mundo silencioso totalmente controlado por la televisión.
El campeón del ajedrez vence a los ordenadores sin ningún problema Hace 25 años, en Hamburgo, Alemania, el maestro mundial del ajedrez, Gari Kaspárov, jugó en una exhibición simultánea contra 32 ordenadores diferentes, todos puestos en fila, efectuando sus movimientos a lo largo de más de cinco horas. Cuatro de los mejores fabricantes de ordenadores de ajedrez habían enviado sus mejores modelos como contrincantes, entre ellos ocho que llevaban el nombre de Kaspárov, por lo que el planteamiento no podía ser más emocionante. Kaspárov ganó sobradamente y arrolló a las máquinas 32-0. El reto alcanzó el punto de máxima dificultad cuando uno de los modelos replicantes de “Kaspárov” de uno de los fabricantes puso al maestro en una situación complicada. Eso le obligó a esforzarse más, porque si la máquina hubiera ganado o logrado un empate, “la gente enseguida hubiera dicho que yo me había dejado ganar para dar publicidad a la empresa”, comentó Kaspárov. “Al final encontré una forma de engañar a la máquina con un sacrifico que ella debería haber dejado pasar. Desde el punto de vista humano, o por lo menos desde mi punto de vista, aquellos fueron los buenos tiempos de las partidas de ajedrez de seres humanos contra máquinas.”
Fallos en la punta de los dedos Según el Wall Street Journal, la Bolsa de Nueva York ha estado promocionando su modelo híbrido de comercio como un sistema con todas las ventajas gracias al cual, tanto seres humanos como ordenadores comercian codo con codo. Sin embargo, en la cumbre del desastre financiero mundial, cuando el modelo debería haber sido más eficiente, dado que había vidas humanas en juego, éste falló. La Bolsa cerró el comercio informático de algunas acciones y las cedió a comerciantes humanos a intervalos de varios minutos para enlentecer el mercado, ya que los seres humanos contribuyen a encontrar el precio adecuado para las acciones de valores inestables. No obstante, como la Bolsa de Nueva York es la única de importancia que usa este sistema, el resto de las bolsas informatizadas del mercado siguieron comerciando y acumulando grandes volúmenes de vendedores con prácticamente ningún comprador. En lugar de estabilizar el mercado volátil, los corredores independientes de la Bolsa de Nueva York fueron incapaces de hacerse cargo de tales volúmenes. No tardaron en lanzarse acusaciones sobre quién tenía la culpa de aquel “día de comercio tumultuoso”. Las bolsas rivales afirman que el sistema máquina-humano de la Bolsa de Nueva York empeoró la situación porque eliminó un espacio de vital importancia en el que comerciar durante esos intervalos cruciales de minutos de duración, lo que desanimó a algunos compradores que podrían haber sido capaces de estabilizar los precios.
La traducción automática frente a la traducción “hecha por seres humanos” En todos los casos en los que traductores diligentes en toda clase de situaciones embrollan sin querer millones de interacciones “hechas por humanos”, las traducciones automáticas se usan cada vez más a pesar de que suelen ofrecer una fiabilidad irrisoria y pueden cometer los mismos errores que los seres humanos. Por otro lado, durante el terremoto de Haití del pasado enero se demostró la eficiencia de la traducción automática por encima de la humana. Los equipos de ayuda humanitaria acudieron en masa al país hablando montones de idiomas diferentes, pero ninguno de ellos sabía hablar el criollo haitiano, el segundo idioma oficial junto con el francés, por lo que un superviviente que se hubiese quedado atrapado con un teléfono móvil no habría podido comunicarse con los equipos de rescate. En cuestión de tres días, los grandes pensadores del Instituto de Tecnología Idiomática de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh y una red de desarrolladores voluntarios crearon un sistema de traducción automática de lenguaje oral y escrito. Pese a no estar exento de fallos, funcionó y, tras haber recopilado los datos, Carnegie lo puso a disposición del público en general con unas mínimas restricciones de licencias para que otros puedan desarrollar la tecnología del lenguaje de Haití. Por otro lado, aunque el omnipresente Google ha entrado en el mercado de la traducción automática de documentos, las traducciones humanas tienen que preceder a Google Translate para que funcione.
Humanos contra máquinas en Barcelona Un consorcio de equipos de investigación europeos coordinados por el Centro de Visión por Computador de la Universidad Autónoma de Barcelona ha desarrollado un sistema informático cognitivo formado por videocámaras y un software capaz de reconocer y predecir el comportamiento humano, además de describirlo con lenguaje natural. Con el nombre en código de HERMES (siglas inglesas de “representación gráfica expresiva humana del movimiento y su evaluación en secuencia”) sus numerosas aplicaciones incluyen la vigilancia inteligente, la protección frente a accidentes, el marketing y la psicología. HERMES analiza el comportamiento humano mediante secuencias de vídeo grabadas con distintos niveles de enfoque y distancias que estudian el rostro de las personas para ofrecer una imagen minuciosa de las expresiones faciales. Unos algoritmos de inteligencia artificial y de visión por ordenador se ocupan de procesar esta información, que permite al sistema memorizar y reconocer patrones de movimiento. Este avance pionero ofrece innovaciones importantes a través del movimiento del lenguaje natural captado por las cámaras y la posibilidad de analizar y descubrir posibles comportamientos poco corrientes basándose en los movimientos que reconoce para emitir señales de aviso. Como uso práctico, HERMES podría enviar una señal al centro de control de una estación de metro al capturar la imagen de alguien tratando de cruzar la vía o avisar a un centro médico si una persona mayor que vive sola sufre una caída. La ironía que supone el hecho de que las máquinas supervisen a los seres humanos en aras de nuestra seguridad no ha pasado desapercibida. Mientras que la electrónica desempeña un papel aún más grande en los avances en medicina y es evidente que ofrece una mayor esperanza de vida y amplias ventajas sociales, aún no es del todo seguro que la confianza cada vez mayor que depositamos en las máquinas acabe por sustituir a los seres humanos. Como destacó TIME Magazine en una ocasión con su artículo titulado “What the Fancy Machines Can and Can’t Do” (Lo que pueden hacer las máquinas más avanzadas y lo que no): “Las máquinas que tenemos para analizar el cuerpo son complicadas pero no son ni de lejos tan complicadas ni están tan maravillosamente hechas y mantenidas como el cuerpo humano en sí.”
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